·^18 agosto, 2005^·

Riñas y disputas

[011]
En un callejón del centro de Santiago de Chile, un viejo destartalado vendía cigarrillos de contrabando. Sentado en el suelo, bebía del pico de una botella. Acepté un trago de su vino de cirrosis instantánea, y me detuve a charlar un rato.
Cuando le estaba pagando los cigarrillos, se vino la tromba. De pronto, las moscas huyeron, se volcó el vino, la mesita voló y una demoledora mujer levantó al anciano en un puño.
Me puse a recoger la mercadería desparramada por los suelos, mientras la dama sacudía al esmirriado y le gritaba mujeriego, putañero, que te has creío, descarao, degenerao, que andái culiando con la Eva, y con la Luci, y Él balbuceaba a ésa yo ni la conozco, y con la Pamela, y él gemía ella me buscó y el bombardeo seguía, que te has revolcao con la Martita, la yegua ésa, y la puta de la Charito y la Beti y la Pati, ante la indiferencia de la gente que no prestaba la menor atención a esta pasarela de rubias platinadas con pestañas postizas y botas de reptil.
La indignada tenía al acusado contra la pared, atrapado por el pescuezo, mientras él balbuceaba juramentos, que usté es mi única, unsté es mi catedral, las otras son capillitas nomás, hasta que ella, apretando para estrangulación. Le echó para siempre: te mandai mudar, ordenó, te vai, que nunca más te vuelva a ver, que si te vuelvo a ver...
Y sin palabras anunció el atroz castigo. Clavándole los ojos en los santos lugares, contó el aire con los dedos, como dos hojas de tijera.
Valientemente, me alejé.

1 Comentarios:

Anonymous Anónimo dijo...

imagino que en la penúltima frase es " CORTÓ" en vez de "CONTÓ"
. Sensacional relato.

Jesús

2/11/2011 7:29 a. m.  

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